sábado, 17 de agosto de 2013

Un Dios de consolación...


"Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice nuestro Dios."(Isaías 40: 1)
 ABASTECETE de consuelo. Esta era la misión del profeta. El mundo está lleno de corazones afligidos, y antes de que puedas ser útil para este sublime ministerio debes de estar entrenado.
Tu entrenamiento será muy costoso, porque para que sea perfecto, tú también debes pasar por las mismas aflicciones que están oprimiendo a innumerables corazones con lágrimas y sangre.
Así que tu propia vida tiene que convertirse en una sala de hospital, donde se te enseñará el arte Divino del consuelo. Tú estás herido, para que al vendarte el Gran Médico puedas aprender a ayudar al herido en todas partes.
 Te preguntas el por qué estás atravesando por alguna aflicción especial?
Espera que pasen diez años y encontrarás a otros muchos afligidos como tú. Entonces, en verdad podrás decirles cómo has sufrido y has sido consolado, y revelarles la historia de cómo Dios en una ocasión te aplicó la medicina que necesitabas y te sacó de la desesperación en que se encontraba tu alma, y además sabrás por qué has sido afligido y bendecirás a Dios por la disciplina que recibió tu vida con tal fondo de experiencia y utilidad.
 "El Dios de toda consolación nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios." (2 Corintios 1:3, 4.)
"Dios no nos consuela para que vivamos una vida cómoda, sino para que seamos un consuelo para otros". Dr. Jowett.
 Fuente: MANANTIALES EN EL DESIERTO

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