La Bendición de la Humildad
Los dos rasgos del carácter cristiano que se enseñan con más frecuencia en el Nuevo Testamento son el amor y la humildad. El pasaje clásico sobre el amor es, por supuesto, 1 Corintios 13. El pasaje clásico sobre la humildad, aunque nunca usa la palabra, es Mateo 5:2–12, popularmente conocido como las Bienaventuranzas. Y así como 1 Corintios describe el amor, las Bienaventuranzas describen la humildad. Jesús comienza Sus enseñanzas diciendo, “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Mateo 5:3). Los pobres de espíritu son aquellos que han llegado al convencimiento de su pobreza espiritual. Ellos ven su pecaminosidad continua aun siendo creyentes. En contraste con el fariseo que con aires de superioridad al orar decía “Dios, te agradezco porque no soy como los demás hombres,” ellos se identifican con el recaudador de impuestos que gritó, “¡Dios, sé propicio a mí, pecador!” (Lucas 18:9–13). Acá es donde comienza la humildad, con un profundo sentido de nuestra continua pecaminosida...